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Antes de entrar a desarrollar nuestro tema quisiéramos situarnos frente a algunos conceptos de la teoría analítica.
En primer lugar nos referiremos al concepto de duelo. En términos generales, llamamos duelo al proceso desencadenado por una situación de pérdida. Pero aquí tropezamos ya con un problema. ¿A qué pérdida nos referimos? Si nos remitimos a Freud, encontramos que definía el duelo como “la reacción experimentada frente a la pérdida de un ser amado o de una abstracción equivalente: patria, libertad, un ideal” [2]. Para Melanie Klein [6] existe una estrecha conexión entre el duelo y los procesos de la temprana infancia. Según ella el niño experimenta sentimientos depresivos que llegan a su culminación antes, durante y después del destete; el objeto del duelo es el pecho de la madre y todo lo que ha llegado a representar en la mente del niño: amor, bondad y seguridad. Pero Melanie Klein afirma, por otra parte, que junto con las primeras relaciones de objeto se produce la internalizatión de estas imágenes, que se hacen así dobles. Hay una constante interacción entre las ansiedades y sentimientos depresivos relacionados con el objeto externo y las que se vinculan al objeto interno. Enfatiza, además, que el dolor experimentado en la labor del duelo se debe, entre otras cosas, a la necesidad de reconstruir ansiosamente el mundo interno. Se desprende entonces, que la pérdida de un objeto interno puede ser también factor precipitante de un duelo. Grinberg [4] apoyándose en los conceptos de Freud y Melanie Klein, postuló el concepto del duelo ocasionado específicamente por la pérdida de aspectos del Yo, y que está subyacente en todo duelo por una pérdida objetal.
De modo que podríamos ampliar la definición anterior, señalando que la situación de pérdida que origina el proceso del duelo, puede corresponder tanto a un objeto externo como a un objeto interno o a partes del propio Yo. Pero queremos recalcar desde ya, que estas pérdidas son simultáneas, aunque puede ser una