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La presente comunicación no pretendc exponer nada nuevo sobre el tema del conflicto edipiano, sino ilustrar las características y los mecanismos de defensa adoptadas por el paciente, parte de cuyo historial resumiremos más adelante.
Al referirnos al “conflicto edipiano” no podemos dejar de recordar a Freud, cuando, en Totem y Tabú, se refiere a que en el sistema totémico, “los miembros de un único y mismo totem no deben entrar en relaciones sexuales y, por lo tanto, no deben casarse entre sí. Ésta es la ley de la exogamia, inseparable del sistema totémico”. Poco después agrega: “Prohibe al hombre la unión sexual con cualquier otra mujer del grupo, esto es, con un cierto número de mujeres a las que no se halla enlazado por relación alguna de consanguinidad, pero que, sin embargo, son consideradas como consanguíneas suyas. Aquellos que descienden del mismo totem son consanguíneos y forman una familia en el seno de la cual todos los grados de parentesco, incluso los más lejanos, son considerados como un impedimento absoluto de la unión sexual. De ahí que padezcan de un extraordinario “horror al incesto”.
Esta “fobia al incesto” es la que existe en el inconsciente de Carlos. Su conflicto consistía en que, mientras por un lado, en un plano consciente, se sentía obligado a casarse con una mujer judía —para seguir incluido dentro del grupo— por el otro vivía, inconscientemente, una intensa prohibición, pues al representar a la madre se constituía en tabú para él. De ahí que alternara de una a otra actitud, según el predominio del mandato interno de sus instancias psíquicas. “Los hombres que obedecen al tabú observan una actitud ambivalente con respecto a aquello qua es tabú”. Por otra parte, las frustraciones sufridas le habían movido a alejarse de la madre. La relación con el padre había estado fuertemente reprimida por su intenso temor a la homosexualidad. En El final del Complejo de Edipo, Freud se refiere a las razones que inducen al niño a abandonar sus deseos eróticos