You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El autor, en un original trabajo, se refiere a la relación existente entre el “ver” y “saber” y la actividad sexual. Hace un análisis lingüístico basándose en el significado de la raíz “yada” del idioma hebreo y su equivalente en griego “eido” y latino “video”.
En hebreo bíblico “yada” explícitamente tiene doble sentido de “saber” y “tener relaciones sexuales”, pero también es utilizada en relación a percepciones sensoriales como el ver y el oír (Is. 42, 16; Sam 25, 17). En cambio en griego el mismo verbo retuvo su significado explícito de “ver” y “saber”, habiendo perdido el referente al coito.
Sostiene S. Singer que el relato bíblico de la adquisición del conocimiento sexual descrito en Gen., 3, 7 “Entonces los ojos de ambos fueron abiertos y percibieron (yadu) que estaban desnudos” y en Gen. 4, 1 “Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió”, no puede ser considerado simplemente como mitología simbólica; documentaría el paso de los judíos primitivos de una concepción mágica y atemporal a la plena conciencia de la relación existente entre la actividad sexual y la procreación con todas sus implicancias: limitación temporal de la vida y conservación a través de la descendencia.
Clínicamente la identificación entre el “ver” y “el coito” aparece al analizar sueños de personas que padecen de fotofobia en relación con culpa por ver o querer ver los genitales de los padres. Y ya Karl Abraham en su trabajo sobre “La transformación de la escoptofilia” había señalado que en las leyes bíblicas los tabúes del incesto están formulados en términos de “descubrir” y por lo tanto relacionada al “ver” la desnudez del objeto sexual prohibido (Leviticus, 18, 6-17).
Nota del T.: En la expresión popular “Ver la cara a Dios”, “Ver el cielo” reaparece el doble significado del “ver” y tener relaciones sexuales aparentemente perdido para los idiomas latinos.
Edmundo Saimovici.