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En este artículo se extractan y comentan fragmentos del análisis de una niña de cuatro años y medio de edad, diagnosticada como una esquizofrenia “fronteriza”, en la cual el escrutar vigilante era un rasgo prominente.
Los impulsos escoptofílicos y exhibicionistas parecían, en este caso, funcionar como defensas en diferentes niveles del desarrollo. En el nivel más precoz, la vigilancia excesiva servía para defender a la niña contra un primitivo miedo a la aniquilación del self, resultante de sus propios anhelos orales ambivalentes. El escrutar vigilante podía ser interpretado como una forma de cuasi-identificación con la madre, en la cual esta actitud constituía un rasgo caracterológico, preservando así los lazos libidinosos con ella.
Al mismo tiempo, afirmaba el sentimiento de identidad de la niña. En un nivel de desarrollo más elevado, la vigilancia podía ser comprendida como una defensa contra accidentes “vergonzosos” del control corporal; la defensa servía, por lo tanto, como un puente hacia la fase edípico-fálica de los impulsos libidinosos.
Al comentar teóricamente este caso, la autora concluye que un sobredesarrollo del self refleja generalmente un defecto del Yo.
Julia Grinberg de Ekboir.