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Siguiendo las investigaciones de Calef y Knapp, el autor relaciona los sueños en color con tendencias escoptofílicas y exhibicionistas asociadas con problemas del yo corporal. Por ejemplo, como lo señala también Greenacre, con recuerdos infantiles de visión de los órganos genitales de niños y adultos. El soñante utiliza los contrastes de color como si fuese un artista para crear efectos visuales al servicio de los mecanismos de defensa similarmente a como ocurre en los recuerdos encubridores, fetichismo y restos diurnos.
Aunque al autor no le resulte convincente la tesis de A. Garma de que los sueños en colores provengan de contenidos reprimidos anales excrementicios, en el material clínico que comunica se observan intensas fijaciones anales, las que necesariamente tienen que intervenir en el contenido latente de sus sueños. Así el caso A es una mujer con “síntomas rectales somáticos”, en los cuales “muchos de sus síntomas derivan de … regresiones anales”; en una sesión “intento … desplazar al recto una excitación vaginal”. El caso B tenía muchas vivencias relacionadas con el cuarto de baño; “temor a ser encerrada en el cuarto de baño”, “de la edad de los cinco o seis años solía encerrarse en el cuarto de baño y masturbarse activamente”, durante su psicoanálisis, “en su primer sueño entraba en un cuarto de baño”, en “su primer sueño en color (también) entraba en un cuarto de baño”; en otros de sus sueños “le mostraban un cuarto de baño” y “asoció con paños menstruales ‘sucios’ (o sea ‘anales’)”.
Los casos A, C y D pintaban o hacían esculturas, lo que proviene, en parte grande de sublimaciones de instintos anales y el caso B y otro que menciona el