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La valoración del acontecer psicológico se hace cada vez más evidente en los distintos campos del saber médico.
Las somatizaciones capaces de provocar cuadros quirúrgicos no están exentas, por supuesto, del correspondiente contenido conflictual, y su esclarecimiento por medio del psicoanálisis puede resolver problemas incluso agudos.
El inconsciente temor a la castración que se proyecta en toda intervención quirúrgica, aumenta el efecto traumático que tiene la intervención misma y hace necesaria una preparación emocional previa.
Los niños en especial, deben ser preparados antes de la operación, mediante la dilucidación objetiva de lo que va a ocurrir a fin de evitar serios shocks.
Expondré el caso de un niño de tres años que vino a la consulta porque había tragado hacía 10 días una moneda de un peso. Ante la imposibilidad de hacérsela eliminar por los métodos clínicos habituales, se planteó la necesidad de una intervención quirúrgica. Planteada esta situación, se propuso el psicoanálisis como una preparación para sobrellevar el trauma de la intervención quirúrgica más que como un posible medio de hacerle expulsar el cuerpo extraño. La posibilidad de éxito del tratamiento psicoanalítico era aceptada como remota por parte de los médicos que lo trataban, pues se me puntualizó que si al cabo de cuatro días no había obtenido ningún resultado, el niño sería irremediablemente operado.
Su situación era muy particular, ya que fué traído al tratamiento por la persona que prácticamente hacía de padre. Su madre se hallaba en el interior y el niño ignoraba que era hijo de un primer matrimonio de la misma Al padre real lo había visto muy pocas veces y lo llamaba “el hombre”. Nunca se había atrevido a hacer preguntas sobre el rol que ese hombre jugaba en la pareja con la cual vivía.
Fué un hijo no deseado. Su madre, estando embarazada de él, decidió separarse del padre de la criatura e irse a vivir a Córdoba. El parto fué prolongado, a término. Después del mismo, por su situación económ