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Contrariamente a la creencia popular ingenua, y a las creencias de muchos analistas, es infrecuente que el propósito original do una acción sea la mera necesidad de lograr un objetivo. Ninguna consideración de niveles pre o inconcientes elimina la falacia teleológica en que se cae al hacer equivaler el resultado de una acción y el real propósito que motivó tal acción. Dicha falacia suele surgir en las discusiones psicológicas, en la que se transforma términos operativos en meros epítetos, a raíz de confundir la consecuencia de una acción con la intención (así ocurre, por ejemplo, con términos tales como “sadismo” y “masoquismo”). Si bien este comentario puede ser aplicado con igual validez a literalmente todo cuanto el hombre hace, la confusión propósito-resultado se hace más grosera y obvia aún al tratarse de los llamados “fenómenos psicosomáticos”, ya que los objetivos fisiológicos de los instintos, subyaciendo a un complejo mosaico de procesos simbólicos y afectivos, resultan ser productos marginales y accidentales de la actividad instintiva.
Carlos Sluzki.