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Se refiere el autor a la creciente aparición de fobias escolares, caracterizadas por presentarse en niños previamente bien adaptados y buenos estudiantes. Bruscamente desarrollan un ataque de ansiedad y a continuación les resulta intolerable la asistencia a clase. Enfatiza que ellos parecen despertar una reacción uniforme hostil en aquellos que tratan de ayudarlo, a pesar de que no los hostilizan como sucede con los niños delincuentes.
Da una serie de ejemplos clínicos para ilustrar la situación. En todos ellos parecen haber factores desencadenantes de carácter familiar como presencia de escena primaria, nacimientos de hermanos, etc. Señala la frecuencia con que el personal especializado recomendó castigarlos como índice de esa hostilidad. Ha-bía sucesos vividos por el niño como amenazas para la vida de la madre y la propia, desplazados al colegio. También el deseo de separarse de la madre y la imposibilidad de hacerlo desencadenaría la enorme agresividad latente por debajo del miedo. Esta agresividad del niño determinaría la actitud de hostilidad de maestros, psicólogos, etc. Los impulsos sadomasoquistas del personal escolar reaccionarían contratransferencialmente a los impulsos agresivos y sexuales del niño.
Hugo Rosarios.