You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Son posibles dos actitudes en caso de pérdida real o fantaseada de un objeto.
Por una parte la tristeza o el duelo con la carga afectiva positiva hacia el objeto y aceptación de su pérdida. Es la actitud de una personalidad bien integrada. Es posible porque la esperanza sobrevive a la pérdida gracias a la actitud consoladora de los padres en el momento de las pérdidas infantiles ya antiguas. Los autores llaman a este comportamiento “ebediencia a la realidad”.
Por otra parte, si el individuo no ha aprendido a ser consolado y a consolarse, una pérdida no deja lugar a ninguna esperanza en el porvenir; no puede ser aceptada y la reacción psíquica que provoca es de revuelta, agresividad, odio, culpabilidad con respecto al objeto; estos afectos están rechazados; el objeto es introyectado inconscientemente; el mismo sujeto se convierte en el objeto de sus afectos negativos; he aquí la esencia misma de la depresión.
Es decir que un yo infantil que aprende a conservar la esperanza a pesar de una perdida objetal grave reaccionará más tarde a nuevas pérdidas con la aceptación, el duelo, la obediencia a la realidad; un yo infantil para quien se cierra el camino de la esperanza en el momento de una pérdida, se modifica de manera tal que toda pérdida objetal ulterior inducirá una reacción de no aceptación y de depresión.