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1En 1952, cuando un grupo amplio de amigos y discípulos celebró el cuadragésimo aniversario como psicoanalista de Theodor Reik, uno de los asistentes más calificados, el Dr. Robert Lindner, de Baltimore, EE. UU., declaró que “aún de no haber habido un Sigmund Freud, seguiría habiendo un Theodor Reik”. Lindner calificó de herética a su propia afirmación, pero señaló que habló así por que la asombrosa fertilidad creadora de Th. Reik no estaba determinada, ni limitada, por su ciencia psicoanalítica o actividad terapéutica. Si bien era verdad que el psicoanálisis le proporcionó el campo más adecuado para el desarrollo de su genio.
La asombrosa fertilidad de Th. Reik le llevó a investigar psicoanalíticamente las profundidades del psiquismo humano en muy variados aspectos. Tanto fue así que, a los 38 años, en una ocasión en que iban paseando por las calles de Yiena, Freud, después de alabarle los contenidos científicos y el estilo literario de su producción, le añadió que estaba repandiendo su energía intelectual en demasiados temas: “Corre Ud. el peligro de una escisión de sus energías y capacidades. Le puede ocurrir algo parecido a lo de los folletines populares, cuando describen que el enamorado, desengañado, monta velozmente a su caballo y sale galopando hacia los cuatro puntos cardinales”.
Reik se rió, pero conservó profundamente en su psiquismo aquella observación de Freud. A partir de entonces trató de seguir sus investigaciones científicas hasta el final o, por lo menos, como él mismo señala, hasta algo muy cercano del final. Bajo el modeld de Freud, retardó años la publicación de algunos de sus libros.
Mas su interés psicoanalítico continuó multiforme. En parte determinado por no ser médico, sus investigaciones iniciales versaron sobre el psicoanálisis aplicado. La primera, publicada en 1911, estudia los impulsos emocionales del escritor Flaubert. En el mismo año publicó, esta vez ya en una revista psicoanalítica, otra investigación sobre el simbolismo contenido en