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Este trabajo ganó muy merecidamente en Francia, el premio Bouvet correspondiente al período 1962-63.
El autor señala que la erotomania es la creación ilusoria de un objeto amoroso, objeto modificado pero de caractersíticas fundamentales de la relación de objeto primitiva. El objeto aparece aquí de entrada como el depositario de pulsiones (definición de Freud de objeto), en una relación a veces depresiva y a veces persecutoria. Lo cierto es que el objeto no es tomado en cuenta ya que es un objeto fantaseado proyectado; cuanto más es negado el objeto más cerca estamos de una posición delirante, y los arreglos para conservar el personaje investido son los mecanismos de defensa que esta necesidad suscita. En algunos casos más graves, la creación del objeto imaginario responde a la angustia de destrucción y disgregación provocada por la pérdida del objeto en las vivencias del sujeto.
“La dinmica constante de los diferentes estados erotomaníacos será siempre la lucha contra la depresión”, en todos los casos la relación erotomaníaca, es decir, la creación ilusoria del objeto de una relación amorosa, responde al fin de cuentas a una tentativa de repersonalización a una verificación de la integridad de su self (una paciente decía: “si yo no escuchara dentro mío las voces del Dr. X, pienso que no me quedaría nada dentro mío”).
Lo hace con una introyección del objeto perdido y su proyección fuera, donde establece una relación con ese objeto, de manera pseudogenital, que asegura a su vez el máximo de distancia con el objeto malo y el máximo a su vez de satisfacción libidinal tolerable. Remarca Kestemberg que esta relación es rica en “satisfacción” libidinal a un costo relativamente poco alto. Otros autores como Lagache (1938) estudiando las relaciones de los celos con la erotomania, piensa que la erotomania corresponde a una regresión libidinal más profunda que los celos y supone fijaciones más precoces en la evolución de la libido. El papel de la homosexualidad es preponderante p