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Durante el tratamiento psicoanalítico de niños y en la observación de horas de juego diagnósticas, comprobé que el niño nos comunica en la primera bora —diagnóstica o de análisis— cuál es la fantasía inconsciente de enfermedad o conflicto por el cual necesita tratamiento, y en la mayor parte de los casos, cuál es su fantasía inconsciente de curación.
Me propuse investigar si el material del niño durante el tratamiento psicoanalítico confirmaba lo que había mostrado en la primera hora, y llegué a la conclusión de que así era en todos los casos. Esto hace imprescindible asumir de inmediato el rol de terapeutas del niño para que él pueda asumir su situación de paciente.
La separación de los padres cuando entra solo al consultorio suele acompañarse de las ansiedades que experimentó al nacer. Esto explica por qué utilizando la técnica de mantener el análisis de niños en una relación bipersonal como en el adulto1, el niño repite ya en las primeras sesiones lo que ha sido para él el trauma de nacimiento y las primeras experiencias en el mundo.
Al proyectar en el terapeuta las experiencias positivas de la relación con los padres, puede conferirnos, desde el primer momento y aun sin conocernos, los atributos necesarios para curarlo, del mismo modo que la proyección en el terapeuta de los aspectos negativos de esta relación explica por qué teme repetir con él las experiencias negativas que lo han enfermado, y busca repetirlas, resistiéndose al tratamiento. La transferencia positiva y negativa se establece desde el primer momento2, y se expresa a través de su conducta, de sus juegos, dibujos y asociaciones verbales. Su interpretación le permite resolver los conflictos, al modificar las situaciones patógenas originarias.
Al relatar la primer hora del tratamiento psicoanalítico de una niña, ilustraré estos conceptos.
Adela había sufrido un accidente que le hizo perder el tercio distal de la tercer falange del dedo índice de la mano derecha. Jugaba en casa de su abuela y al querer aga