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El autor hace un estudio sobre los sentimientos y conceptos que giran acerca del tema de la muerte. Enfatiza el contraste entre el concepto de la muerte como algo inevitable, y el escaso conocimiento acerca de sus aspectos psicológicos.
Presenta varios casos clínicos en los cuales emerge la creencia que la esencia de la vida —llamada espíritu o alma— sobrevive a la muerte como hecho físico lo cual se ve sustentado por numerosas teorías religiosas. Asimismo, menciona varios casos de personas con y sin perturbaciones mentales evidentes, que expresan su deseo de morir en estado de alegría y felicidad. Manifiestan de este modo, por una parte, su deseo de eternizar su felicidad, y por otra su ansiedad acerca de los probables sufrimientos a lo largo de la vida futura fantaseada.
Las variadas ideas acerca de la muerte, de la sobrevida, del renacimiento, etc., estudiadas a través del análisis, señalan la importante posición que ocupa este tema en la vida de todos los seres humanos.
Señala el autor que la temprana experiencia infantil de separación de la madre durante el nacimiento actúa como un hecho traumático en la mayoría de los casos. Estudia la angustia de castración como otro de los factores que contribuye al desarrollo del temor a la muerte. Desde el punto de vista de la realidad y del desarrollo mental maduro, afirma el autor que la muerte es el final del ser y de toda experiencia vital; que no es un estado de ser ni es una experiencia: es la ausencia de todo lo psicológicamente perceptible.
El autor señala la similitud con los estados de sueño profundo, sin imágenes oníricas, aun cuando cabe señalar que la mente confirma la tarea psíquica inconsciente en las profundidades del sueño. En cambio en la muerte hay completo detenimiento de la actividad mental. “La vida no puede concebir la muerte pues ésta no es un estado de existencia, y nuestra mente, por su naturaleza misma, es incapaz de experimentarla”. La mente humana no puede concebir o experimentar nada en la cual la