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El autor estudia la compulsión al juego en un adolescente de 19 años. Inicia su análisis citando los conceptos de varios autores de la literatura psicoanalítica, poniendo el énfasis en los escritos de Freud acerca de los transgresores compulsados a realizar actos reprensibles por sentimientos de culpa inconscientes. Buscan alivio al ser castigados, racionalizan su sentimiento de culpa a través del castigo por un hecho externo que encubre el crimen cometido en su fantasía.
El adolescente citado por el autor es el hijo mayor de tres hermanos, que había dejado sus estudios cuando inició el tratamiento. Su fracaso en los estudios estaba íntimamente relacionado con su compulsión al juego (especialmente a las carreras de caballos), que lo había llevado además a perder grandes sumas de dinero, robar dinero a su padre y falsificar cheques. Su afición al juego se había iniciado cuando cursaba el primer año de la Universidad, a raíz de haber acompañado en varias oportunidades a un matrimonio amigo que lo inició en las carreras.
Dicha afición estaba también relacionada con las ocasiones en que se sentía deprimido, buscando entonces alivio en el juego, que sólo lograba perdiendo grandes sumas de dinero.
En el curso del análisis se evidenciaron las fantasías del paciente como deseos de que su padre muriera, quedando él a cuidado de su madre y hermanos. Sus sueños mostraban su búsqueda de justificación por su rivalidad con su padre y la satisfacción de su necesidad masoquista de castigo por los crímenes inconscientes que él había perpetrado. A través del análisis sistemático de la transferencia que enfatizaba la hostilidad hacia el analista, se produjeron al poco tiempo de iniciado el tratamiento cambios en la cualidad de su impulso al juego, haciéndose cada vez más consciente para el paciente las motivaciones profundas del mismo.
Simultáneamente comenzó a asistir a varios cursos en la universidad, con gran ambivalencia hacia la figura paterna. Esta ambivalencia, señala el autor, der