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Observaciones basadas en ocho pacientes femeninas en terapia individual. Constituían un grupo homogéneo por edad, clase, inteligencia y orientación política. Además habían perdido uno o ambos padres. La reacción a los sucesos de Noviembre fue llamativamente uniforme.
La reacción más uniforme fue depresión, pena, duelo. El duelo no estuvo acompañado
de la característica melancolía con disminución de la auto-estima. Relataron la primera reacción a la muerte como similar a la experimentada por la muerte de los padres. También hubo sueños de muerte del padre (en la transferencia, deseos de muerte del terapeuta).
Representaba un padre idealizado, a diferencia del propio. Apareció en una sola cara de la ‘moneda, los aspectos libidinosos de la ambivalencia. El sentimiento frente a un extraño permitió mostrar aspectos negados del duelo por el padre. Lloraron más que por el padre y alguna hizo un síntoma psicosomático. La tesis sería la capacidad de llorar el duelo negado, por sus aspectos ambivalentes, por los padres. Igual habría ocurrido en la población “normal” fuera de tratamiento.
Hugo Rosarios