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Octubre 1, 1907: El Dr. Lorenz, de 29 años y medio de edad, manifestó que padecía de obsesiones, en forma particularmente intensa desde 1903, pero que databan desde su infancia. El aspecto más importante de estas obsesiones era temores de que le sucediera algo a dos personas a las que tenía mucho afecto: su padre y una dama a quien admiraba. Además, tenía impulsos compulsivos, por ejemplo, cortarse el cuello con una navaja, y prohibiciones, a menudo relacionadas con cosas sin importancia. Había malgastado años de su estudio, me expresó, en luchar contra estas ideas, y, por consiguiente, sólo recientemente había aprobado su examen final de Derecho. Sus ideas sólo afectaban su trabajo cuando éste se relacionaba con la justicia criminal. También sufría de un impulso de infligir un daño a la dama que admiraba. Este impulso estaba generalmente acallado en su presencia pero surgía cuando ella no estaba. Estar alejado de ella, sin embargo — ella vive en Viena— le había sentado siempre favorablemente. Ninguno de los varios tratamientos que había utilizada lo habían mejorado, con la excepción de un tratamiento hidroterápico que había seguido en Munich, y éste, pensaba él, sólo había tenido resultado positivo debido a que allí trabó conocimiento con una persona, con la que tuvo relaciones sexuales regulares. Aquí no contaba con oportunidades de este tipo, muy esporádicamente tenía relaciones sexuales, y eso en forma muy irregular, cuando se presentaba una ocasión. Las prostitutas le causaban repulsión. Su vida sexual, expresó, había sido limitada: la masturbación jugó en ella muy escaso papel, y sólo entre los 16 y 17 años de edad. Tuvo su primera relación sexual a la edad de 26 años.
Me dio la impresión de ser una persona sagaz y de mentalidad clara. Cuando le expuse mis condiciones dijo que debía consultar a su madre. Al día siguiente volvió y las aceptó.
Con relación a las sesiones siguientes, sólo anotaré algunos de dos hechos esenciales, sin reproducir el