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Con el interés puesto en el amplio campo de estudio que constituyen los mecanismos de defensa, quisiera demostrar aquí el interjuego constante entre éstos y los mecanismos de adaptación normales del Yo. Sabemos por el estudio de la Psicología del Yo que los mecanismos de defensa no son más que los precursores en un primer tiempo, y que luego constituyen la deformación patológica de los mecanismos normales de adaptación.
Esta deformación se debe:
1ọ) a la ruptura de su equilibrio recíproco;
2ọ) al predominio de uno o más de ellos sobre los demás;
3ọ) a la rigidez característica de todo proceso psicopatológico y
4ọ) al daño que pueden acarrear en mayor o menor cantidad a las otras funciones del Yo.
Será esta interrelación la que dará la estructura del carácter o de la neurosis del individuo. Cuanto más amplio sea el espectro de los mecanismos de adaptación y cuanto mayor el equilibrio existente entre ellos, tanto más integrado estará el aparato psíquico. Este optimum puede lograrse de dos maneras. Puede darse espontáneamente gracias a la concurrencia de factores positivos en la serie complementaria en cuyo caso cuenta “la influencia que tiene la habilidad personal en … la selección de defensas para solucionar determinados conflictos” (Hartmann [9]) o, de lo contrario, a través del análisis. Esta última situación es la que nos es dada observar e investigar. Es un proceso apasionante el que se desarrolla ante nuestros ojos. El analizado trae su caudal de mecanismos de defensa exacerbados como protección ante sus conflictos no resueltos o erróneamente manejados. Vemos con el correr del tiempo cómo van desapareciendo sus manifestaciones más groseras y cómo aparecen en su lugar mecanismos nuevos, a menudo mucho más sutiles, que habían quedado encubiertos por los primeros. Estos últimos pueden ser progresivos, o sea pertenecientes a una etapa del desarrollo psicosexual más adelantada, o a la inversa, regresivos, lo cual confirmará o modificará nuestro diagnóstico. Así por ejemplo