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Los pacientes con síntomas psicosomáticos ofrecen gran resistencia al “insight” psicoanalítico, especialmente cuando se interpretan sus síntomas físicos. “Piensan” con el lenguaje del cuerpo, y sólo con dificultad se disponen a pensar con el lenguaje de la mente. Se podría decir también: en vez de pensar en términos de razones y motivos, piensan en términos de causas.
Una causa opera entre “cosas”. La palabra alemana para causa es Ur-sache, que quiere decir la cosa en sí. El concepto de causa era hace tiempo mucho más amplio. Los filósofos escolásticos, siguiendo a Aristóteles, distinguían cuatro causas. Las ciencias físicas, como lo señaló Heisenberg (1955), limitaron este concepto a una sola causa, la causa efficiens, es decir, la influencia directa de un objeto sobre otro. Otra característica del concepto de la causalidad en el siglo XIX, es su determinismo: una causa dada tienen un efecto dado, de modo que las conexiones causales se pueden determinar y predecir. Aunque la física moderna ha abandonado este determinismo estricto en cuanto concierne a las dimensiones atómicas, el pensar ingenuo de la vida corriente retiene este concepto. El determinismo causal es la base científica de la medicina somática.
No hace mucho traté un paciente que sufría de ataques de confusión. Se producían en forma repentina y desaparecían al cabo de unas horas. El grado de confusión era considerable. Durante uno de esos ataques que se produjo cuando regresaba a su casa del trabajo, pasó de largo frente a su propia casa, porque no la había reconocido. El paciente, una persona de cerca de sesenta años, era un hombre simple, sensato, nada excitable, más bien de poca imaginación, que podía considerarse cualquier cosa antes que “histérico”. Lo vi en oportunidad de uno de sus ataques: estaba confundido, no sabía lo que le había ocurrido, hablaba con excitación,