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Expondremos a continuación el material de una sesión analítica que confirma cómo en una primer hora, ya sea diagnóstica o de tratamiento, un niño puede expresar sus fantasías de enfermedad y curación [1]. Se verá también, como este proceso es vivido por el niño como un nuevo nacimiento.
Nuestro paciente tenía cuando comenzó el tratamiento, 6 años y 2 meses de edad, precediéndole una hermana dos años mayor que él, sana, que se desarrollaba sin dificultades.
El motivo de la consulta era un marcado autismo y fabulación en voz alta, según expresión de la madre el niño era completamente impermeable al mundo exterior, viviendo en su mundo de fantasía. Sufría también las dificultades en el lenguaje, que se manifestaban por la omisión de algunas consonantes, por ejemplo la R y la L, pronunciando fan por flan y ten por tren. Las dificultades de aprendizaje que también motivaron la consulta consistían en desatención en el colegio y marcada inhibición para la lectura y las matemáticas. Presentaba serios trastornos en el manejo de la agresión, rompiendo juguetes y todo lo que estuviera a su alcance.
A la entrevista inicial concurrió sólo la madre; el padre, intelectual, dedicado a actividades literarias, vivía aislado de su familia y aunque habitaba la misma casa era como un extraño en la misma, brindándole al niño pocas posibilidades de comunicación; se lo consideraba un personaje admirado e idealizado. Leandro, que así llamaremos al niño, vivía junto con sus padres en casa de sus abuelos maternos que en gran parte sustituían a sus progenitores, en especial el abuelo, que para él era su padre.
De su historia diremos sólo lo esencial. Leandro no fue deseado, fue concebido en un momento muy crítico de la relación de sus padres que cursaba con graves desavenencias. Durante los nueve meses del embarazo la madre sufrió malestares que se incrementaron al final del mismo. Pero lo que más profundas huellas imprimió al psiquismo de Leandro, tal como se verá en el material clínico, fue un n