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Thomas Mann es considerado, indudablemente, el más distinguido hombre de letras alemán de su generación.
Las cabezas trocadas es una de sus obras menores, apenas mencionada por sus biógrafos. Sin embargo, el mismo autor dice en Sketch of My Life: “La verdad es que cada obra es una realización fragmentaria, pero completa en sí misma, de nuestra individualidad; y esta especie de realización es la dolorosa y única manera en que podemos expresar la experiencia personal”.
Este cuento largo puede tomarse como el intento de elaboración de las situaciones de disociación y conflicto que motivaron su preocupación por la identidad engañosa o ilusoria.
El tema del artista-estafador se repite con mucha frecuencia en la obra de Mann. Personajes de identidad dudosa aparecen en varios de sus cuentos y novelas: el farsante, el hipócrita, el charlatán, el ocultista, el imitador. Baste recordar su Félix Krull, en base al cual J. Zac [401 desarrolló un trabajo muy completo sobre “el impostor”.
Thomas Mann se veía a sí mismo como suma de contradicciones. Ante todo tenía conciencia de su dualidad como hijo de un alemán y de una criolla del Brasil, y de ser artista en una familia de comerciantes, si bien algunos de sus miembros tuvieron actuación en la política y en las letras.
Los Buddenbrook, su primera gran novela, presentación artística de su genealogía y crónica de un proceso de transformación social, es también la descripción de su conflicto entre “bohemia” y “burguesía”. En La montaña mágica, obra central de su creación literaria, se complace en presentar, junto a temperamentos opuestos, teorías antitéticas, así como el contraste