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Grace Abbate expresó que intentaba eliminar el concepto de que en la niñez había un período de quietud llamado latencia. Normalmente, no toda la energía sexual es subterránea. Durante este período se producen construcciones y reconstrucciones psíquicas muy complicadas. El niño latente que inicia el tratamiento, está cronológicamente pero no psicológicamente en la latencia. Durante el tratamiento lo observamos avanzar hacia la latencia.
Elizabeth B. Kaplan presentó un trabajo titulado: “Reflexiones acerca de las actividades psicomotoras durante el período de latencia.” Describió al niño en el período de latencia temprana, como impetuoso, revoltoso, agitado, trepador, oscilante; desplegando el goce de la actividad motora; un niño que participa en juegos y deportes repetitivos, rítmicos, en sonsonetes, que fomentan las relaciones con pares y que, si se los interfiere, nos dejan un niño “fuera de foco”, con relaciones objetales dañadas; un niño que idealiza a los adultos de acción —jugadores de pelota, la madre activa, los bomberos, etc.—. Enfatizó las actividades repetitivas, rítmicas en el niño latente temprano normal, que son transitorias en este período, a diferencia de las acciones patológicas que tienen permanencia y rigidez, como los tics, las conductas hiperkinéticas y diskinéticas. Además de favorecer las relaciones con los pares y, de ese modo, las relaciones objetales, estas actividades del organismo que está madurando juegan un papel en el desarrollo de las funciones yoicas: escritura, carpintería, aprender a tirar una pelota, a atajarla, costura, etc. Se pone especial énfasis en el papel que juegan estas actividades ayudando al niño latente a realizar su tarea principal, protegerse de las fantasías masturbatorios e incestuosas. Las gratificaciones líbidinales y agresivas normalmente se liberan en el niño latente a través del sistema motor, hasta la pubertad, cuando se alcanza la organización genital.
En la discusión, Judith S. Kestenberg agregó que el adolesc