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El autor considera que el coito, como expresión de amor genital adulto, tiene un precursor en la conducta de bebes alrededor del final del primer año de vida. Describe, en efecto, una conducta mímica que acontece en situaciones de seguridad, en momentos de bienestar, en los que el niño palmotea arrojándose a los brazos de la madre o del padre, husmeando su barbilla, acurrucándose en su cuello y comenzando a realizar rápidos movimientos rotatorios pélvicos, con una frecuencia de 2 por segundo, y por un tiempo que fluctúa entre 10 y 15 segundos. Se da siempre en la relación con un objeto de amor. No necesariamente se acompaña de erección y no parece terminar en orgasmo. Se observa también