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Sostiene que la teoría psicoanalítica sobre la sexualidad femenina abarca tres períodos: en el primero se define a la niña como un muchacho sin pene. En el segundo se la compara con el varón, y se habla de su sentimiento de envidia por sentirse menos completa que él. En el tercer período la teoría de la sexualidad femenina se deriva de la observación directa de la mujer y se refiere a ella en sí, sin compararla con el hombre.
El autor intenta enfocar el problema de la sexualidad femenina basándose en factores intrapsíquicos, genéticos y dinámicos del yo. Sostiene que la vagina recibe estimulación, y el introito vaginal está manipuleado en la recién nacida y en la niña durante los primeros meses, pero que indudablemente estos recuerdos están reprimidos señalando que no interesa especialmente para los motivos de este artículo los mecanismos a los cuales se recurre para esta represión.
Considera que la vagina además, está anatómicamente en contacto con otras cavidades estimuladas, y por otras zonas, y que el conocimiento de otras cavidades, como los labios y la boca y el ano y el recto, cooperan también al conocimiento del introito y de la vagina. No pretende que la niña tenga una representación mental de la vagina como tal, sino de un espacio del que surgen sensaciones difusas, y que detrás del cual hay algo desconocido pero cuya entrada es reconocida y estimulada desde el primer momento. Por algún motivo, algunas de las cavidades mencionadas retienen sus cargas desde el nacimiento, por ejemplo, los labios y la boca, el ano y el recto. Esto es posible —sugiere— porque estos órganos no sufren una amenaza por la integridad del cuerpo, y en parte también porque esta amenaza, si existe, está contrarrestada por el desarrollo creciente del control voluntario. El miedo de la integridad corporal incluye el miedo a la penetración y a la pérdida de los contenidos. Desde ese punto de vista el introito y la vagina, no disponiendo de ese control voluntario, serían obligados a ser re