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Comienza por describir las psicosis infantiles, destacando el autismo infantil temprano de Kanner, las investigaciones de Bender sobre esquizofrenia infantil, y la hipótesis de Mahler sobre psicosis simbiótica.
Luego plantea las dificultades diagnósticas que se presentan al especialista, ya que las manifestaciones extremas de un desorden psicótico en un adulto, no son más que un fenómeno normal en el desarrollo del adolescente.
Señala que el adolescente normal, luego del período que denomina “romance de la memoria” (incremento de la vida de fantasía), busca establecer nuevas fuentes de satisfacción en objetos externos. En cambio otra alternativa es la posibilidad del derrumbe del yo por carencia de satisfacción emocional, y por los efectos psicotóxicos de su agresión (por la frustración) no descargada.
Entre los elementos que considera en la diferenciación de la crisis de adolescencia, de la reacción esquizofrénica, se destacan:
La persistencia de un cuadro sintomático, como uno de los más claros criterios de diferenciación en favor de la reacción esquizofrénica.
La aparente inexplicabilidad del cuadro sintomático es otro criterio diagnóstico (H. Wainer).
La importancia de la existencia de antecedentes en cuanto a trastornos de la personalidad, y disturbios en las relaciones del paciente con su familia.
Fuerte tendencia a atacar su yo más que al objeto, es un índice importante de la vulnerabilidad hacia una reacción esquizofrénica.
Finalmente presenta material clínico ilustrativo.