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En este trabajo la autora se propone señalar algunos de los abusos del lenguaje privado de la psiquiatría psicoanalítica y las consecuencias para el paciente, para el terapeuta y para la comunidad profesional, que esa aplicación errónea trae aparejadas.
Señala que “la motivación para desarrollar un lenguaje privado o especializado dentro de cualquier disciplina científica es la de expresar a un auditorio, casi tan culto como nosotros mismos, significados y descripciones de situaciones y fenómenos de una manera concisa, condensada y exacta. Así se ahorra tiempo y palabras y se evitan tediosas repeticiones”. Por otro lado tiene en cuenta la utilización intencionada de un lenguaje privado cuya finalidad es justamente “escamotear la comunicación al auditorio, generalmente con algún beneficio material o narcisista; por ejemplo, se puede pronunciar un sermón en lenguaje arcaico para realzar la impresión de omnipotencia del predicador”.
Para aplicar su concepto al terreno clínico, refiere la definición de contratransferencia adoptada por ella (siguiendo a Cohen): cuando en la relación paciente-analista emerge la ansiedad en el analista interfiriendo la comunicación entre ambos, entonces está presente la contratransferencia. Reconociendo la existencia de diferentes definiciones y enfoques del concepto de contratransferencia, de acuerdo con diferentes autores, entre los cuales cita a Racker, señala que en este trabajo se limitará a considerar la utilización de la “contratransferencia científica o intelectualizada para designar cualquier reacción afectiva del terapeuta hacia el paciente, expresada en lenguaje o conceptos técnicos, es decir, en lenguaje privado”.
Cita un primer ejemplo “intencionalmente de naturaleza grosera” en el cual incluye lo que considera una mera analogía como implemento técnico para reforzar una interpretación. Considera, siguiendo a Glover, que este procedimiento suele traer un alivio transitorio, ofreciendo ai paciente “un desplazamiento sustitutivo ego