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Berlín, Grünewald, Bismarckallee 14, 26.2.24.
Querido profesor:
Apenas puedo decirle cuánta satisfacción me ha dado su segunda carta. Como veo que se inclina a escuchar una crítica que va más allá de la suya y que se refiere a personas que están muy cerca de usted, nuevamente vuelvo a confiar en una solución de las dificultades. Sus palabras referentes al mantenimiento del “Comité”, corresponden completamente a lo que yo comprendo e intento; por lo tanto, tengo un poco más de confianza en el futuro.
¿Querría usted, querido profesor, conocer ahora a qué peligros me refiero? Cuando usted lo sepa, tal vez sacuda la cabeza y se niegue a seguir escuchándome. Pero ya no hay ninguna posibilidad de callarlos. De modo que voy a formular concisamente lo que en nuestra reunión [próxima en Salzburgo] fundamentaré detallada y concienzudamente.
Después de un estudio muy cuidadoso, tengo que reconocer, tanto en Metas del desarrollo [del psicoanálisis] como en El trauma del nacimiento, las exteriorizaciones de una regresión científica que reproduce, hasta en los pequeños detalles, la separación de Jung del psicoanálisis, y también la sintomatología de esta separación. No me resulta fácil expresárselo. Por eso añado, con agrado, que no dejo de ver las diferencias existentes entre las personas: de un lado, Ferenczi y Rank, con todas sus simpáticas cualidades y, del otro, la falsedad y brutalidad de Jung; esto es algo que de ningún modo pierdo de vista. Pero tal cosa no debe impedirme constatar, en sus publicaciones recientes, una repetición del caso de Jung, en la cual en un primer momento hubiese deseado no creer. ¡ He aquí donde veo un gran peligro! A dos de los mejores de entre nosotros los amenaza el perderse del psicoanálisis y, por ello, el perderse para el psicoanálisis. Con su separación de lo que hasta ahora hemos llamado método psicoanalítico, están íntimamente ligadas las manifestaciones de disolución del Comité, y esta disolución es el segundo peligro. El tercero es la espera