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Éste es un tema importante por sus implicaciones teóricas y prácticas Ya en las primeras etapas del desarrollo del psicoanálisis, a Freud le había llamado la atención la existencia de ciertos cuadros inaccesibles a tal tratamiento. Había observado que algunas personas tenían una resistencia tan intensa, que eran prácticamente inabordables por el método terapéutico psicoanalítico. Pero sólo en su libro El Yo y el Ello (1923) desarrolla en forma más explícita y clara lo que entiende por reacción terapéutica negativa. Dice en él: “Existen individuos que reaccionan de un modo muy peculiar al análisis. Si se les da cierta esperanza o se les expresa satisfacción por el progreso del tratamiento, muestran signos de descontento, e invariablemente su condición empeora”. Más adelante agrega: “Cualquier solución parcial que debería dar resultado, y que con otra gente permite ya sea una mejoría, ya una suspensión temporal de la sintomatología, produce lo contrario en este tipo de pacientes: una exacerbación de la sintomatología”.
Joan Rivière (1935) no cree que sea muy específica la denominación que Freud da a este tipo de reacciones, pues entonces podrían incluirse bajo este rótulo las conductas de sujetos psicóticos y narcisistas que aquél considera inaccesibles al psicoanálisis. Según él, hay algunos pacientes que tienen una resistencia tan intensa al análisis, que éste resulta incapaz de modificar nada, en tanto que otros tienen interés en conectarse con el analista, pero en vez de reaccionar positivamente ante una interpretación acertada, o sea con alivio temporal o permanente, reaccionan en forma negativa, enfermándose más, empeorando su sintomatología. Distinto es el caso del sujeto que no presta interés al analista, que reacciona con indiferencia, del caso del sujeto que sí reacciona. Habría que aclarar y definir mejor el concepto de reacción terapéutica negativa para aplicarlo con propiedad.
Según esta idea y posiblemente a partir de la primera definición que da Freud en