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El autor comienza su estudio con el Apéndice de la conocida novela de Orwell (1948), a la que toma como ejemplo para demostrar lo que ocurriría si desapareciera la ambigüedad como valor humano, y enfatiza especialmente la limitación que sobrevendría en el pensamiento. Utiliza el término ambigüedad en el sentido de Kris y Kaplan, quienes la describen como un rasgo del lenguaje según el cual cada palabra tiene un carácter simbólico con una amplia gama de respuestas. Aclara además que el concepto de ambivalencia no es aplicado en su trabajo en el sentido psicoanalítico clásico, sino en el sentido de dos opuestos que no se han fusionado, que no se han modificado uno al otro, y que, tal como él lo usa, se refiere a la agresión no modificada o fusionada con la libido, un estado de los instintos, mientras que el término ambigüedad se refiere a un estado del Yo.
Comenta un trabajo de Rosen en el quo éste estudia los aspectos cómicos de un paciente obsesivo, caracterizando a las obsesiones como una comedia sin humor. Para Tarachow, el estado obsesivo, tanto como el proceso de lo cómico, es altamente ambivalente, y su sintomatología es ambigua tanto como lo es la comedia; la audiencia para el obsesivo es su propio Superyó: desarrolla su juego frente a una audiencia internalizada. En el proceso cómico el Yo es capaz de confrontar la ambivalencia, aceptarla e integrarla, pero la ambivalencia como tal persiste; no hay fusión de las tendencias ambivalentes aunque el Yo haga la paz entre los aspectos eonflictivos. El autor agrega que comedia y fusión son antitéticas.
Comenta también que la comedia tiene una técnica especial por la cual el individuo puede expresar ambos términos de la ambivalencia simultáneamente o en sucesión rápida, de tal manera que la culpa es eludida, pero la maduración no se produce; y que la comedia nos ayuda a aceptar nuestra infancia, lo cual no es lo mismo que llevarnos a la maduración.
Dado que la comedia es básicamente una falla de la función y que no cont