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Comienza el autor con el planteo de que la anorexia nerviosa sería más un complejo sintomático, que una entidad clínica definida. En este sentido la American Psychiatric Association no le da categoría de entidad psiquiátrica, sino que la describe como una reacción gastrointestinal psicofisiológica.
Es una enfermedad que, dejada a su propia evolución, llevaba frecuentemente a la muerte. Esto puede evitarse, pero la evolución del cuadro clínico está directamente relacionada con la enfermedad subyacente, que en ciertos casos puede ser muy grave.
Análogamente a lo que ocurre en el alcoholismo, las complicaciones en “la esfera física” suelen ser muy importantes.
El criterio que sigue el doctor Loeb para definir el cuadro clínico de la anorexia nerviosa, es el descripto por Felix Deutsch y W. F. Murphy: “El cuadro clínico se caracteriza por: a) una progresiva pérdida del apetito y una reacción de disgusto a la comida, b) constipación y ligero malestar abdominal, c) irritabilidad y labilidad emocional, cansancio y debilidad, a menudo acompañadas por una negación total de tal estado, y una asombrosa capacidad para realizar tareas de rutina, d) amenorrea, emaciación, hirsutismo y anemia, y e) repercusiones psíquicas secundarias causadas por el significado implícito y la conexión asociativa con la comida y con los cambios físicos secundarios mencionados”.
Este cuadro se presenta más frecuentemente en la pubertad, pero puede ocurrir también en personas de más edad, aunque en algunos casos es evidente la existencia de síntomas subelínicos en la pubertad.
En los adolescentes hay algunos tipos de anorexia nerviosa con cuadros clínicos poco evidentes, lo que permite a estos pacientes mantener una vida de relación a pesar de los síntomas.
Luego el autor expone tres ejemplos clínicos con diferentes tipos de evolución, tratados psicoterapéuticamente.
Dando una opinión que el doctor Loeb considera que va más allá de los objetivos del presente trabajo, plantea que, cuando el crecimiento ya se