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Dentro del vasto tema general del psicoanálisis, pensamos que podría ser útil delimitar un tópico más específico que nos interesa a todos: el fin del análisis didáctico. Y nos referimos a su terminación real, terapéutica, y no a su fin formal en su aspecto institucional.
Intentaremos ubicar el tema primeramente en su contexto histórico, expondremos después algunas diferencias fundamentales entre el análisis didáctico y el terapéutico, e investigaremos finalmente diferentes características de la terminación del análisis didáctico, en lo que se refiere principalmente a los siguientes aspectos: envidia y robo, identificación e idealización, culpa y duelo.
Mientras que Ferenczi8 sostuvo ya en el año 1923 que el análisis didáctico debe ser más profundo que el terapéutico, y Eitingon (citado por Balint3) aseguraba en 1927 que el análisis didáctico es simplemente análisis, Freud10, en 1937, época en la cual el análisis didáctico estaba firmemente incluido como elemento básico en la formación psicoanalítica, expuso un criterio muy distinto, ambivalente y bastante pesimista al respecto.
Entendemos esta ambivalencia al tener en cuenta que Freud mismo nunca se analizó. Le era difícil, entonces, exigir mucho a los otros en este sentido. Influían, además, las graves desilusiones que había sufrido con discípulos y analizados suyos, especialmente con Ferenczi. En el artículo citado, Freud había señalado que, por razones prácticas, el análisis didáctico debe ser breve e incompleto, y tiene que mostrar sólo si el candidato posee aptitudes para proseguir su formación, convencerlo de la existencia del inconsciente y ponerlo en condiciones para autoanalizarse después. Freud se queja, por otra parte, de que los analistas no alcanzan para su propici personalidad el nivel de normalidad psíquica que establecen para sus pacientes. Esto señalaría pues un fracaso del análisis didáctico, lógica consecuencia de su brevedad en las primeras épocas y de la imposibilidad de analizar la transferencia n