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Es un relato profundo, ágil, con muchos valores positivos y alguno del que, en mi papel de comentador, me ocuparé detenidamente.
En el relato, aunque los autores expresan que van a “delimitar un tópico … el fin del análisis didáctico”, muchas de sus afirmaciones, como las concernientes al duelo, se refieren también a los análisis corrientes.
Entre los procesos finales los relatores estudian principalmente la envidia y el robo, la identificación y la idealización, la culpa y el duelo. En cambio otros analistas limitan mucho más el planteo: así Greenson9 (pág. 263): “el problema del duelo como una reacción a la pérdida del psicoanalista es el único problema de la terminación“, y Feder y González Pineda2 (pág. 268): “en la literatura hay acuerdo por lo menos en un punto. La terminación del análisis es equivalente del proceso del duelo” (el énfasis es mío). Como no concuerda con estas últimas opiniones y el tema gira alrededor del duelo, que interesa a los relatores, quisiera dilucidar ahora algunos aspectos sobre todo esto.
El duelo implica la pérdida dolorosa de un objeto importante que secundariamente es restaurado. Pero al final de un análisis, la instalación del objeto analista en el psiquismo del analizado lleva secundariamente a la separación placentera de dicho objeto en la realidad exterior. ¿No es esto todo lo contrario de duelo?
Lo más característico de las etapas finales de un análisis es una emergencia que reactiva síntomas, porque va a sobrevenir una nueva situación, para la cual el psicoanalizado no se considera capaz, en términos amplios, por su angustia de castración. El analizado teme sentirse como un niño desvalido sin su acompañante adulto. Ello lo impulsa a hacer mayores esfuerzos para curarse, ya que no va a disponer del instrumento-analista, lo que es algo que por otra parte anhela, si es que busca su maduración.
Vale decir que en las etapas finales de un análisis hay más temores prospectivos que añoranzas retrospectivas. Lo que significa que hay más f