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30 de diciembre de 1966
Estimado doctor Liberman
Le agradezco su amable carta del 10 de noviembre que acabo de recibir por haber estado ausente unos meses de Inglaterra. Me gratifica saber que mi trabajo sobre histeria es útil. Na es exactamente fácil para leer.
Trataré de contestar sus dos preguntas.
¿Cómo es destruido el introyecto orbital de la madre? Me agrada esta pregunta, en especial porque no la puedo contestar. Si estaría en lo cierto, en que esta destrucción es un proceso necesario y normal, entonces posiblemente sea una investigación razonable averiguar por qué y cómo se produce.
Ofreceré, sin embargo, uno o dos comentarios. Considerando como actividad normal y constante el ataque destructivo a los objetos internos orbitales, la pregunta tendría que ser reformulada. A menudo, los objetos destruidos (así se presume, si se sigue la teoría presupuesta aquí) son recreados. Esto podría corresponder a la realización de deseos (en la línea de Freud) o a la reparación (en la de M. Klein). En el contexto del conflicto edípico, para el cual requerí la hipótesis de la destrucción de la imago materna, la orbital tendría que quedar permanentemente liquidada. Si es así, la pregunta reformulada sería “¿Cómo es que la madre orbital destruida no es recreada, reparada?” Para contestar, recurriría a la teoría de la posición depresiva y sugeriría que para evitar el dolor de la ambivalencia que surge por haber atacado un objeto bueno, la versión reparada de este objeto no sería una reconstitución de dicho objeto sino un desplazamiento del mismo, pues de otra manera la destrucción probablemente se repetiría y reaparecería la ambivalencia. Tal desplazamiento serviría no sólo para aminorar la ambivalencia de la posición depresiva sino también para preparar el camino de cargar una mujer distinta que la madre, como lo requiere el conflicto edípico.
Así es como buscaría la explicación de la hipótesis. Pero antes de extenderme sobre ello, preferiría asegurarme de que la hipótesis en sí se