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Freud no utilizó a menudo el término autismo, pero en diversas ocasiones se refirió a fenómenos que actualmente se hallan vinculados con este concepto.
Así, en 1904, al hacer una división entre la neurosis y la psicosis, Freud 18 estableció la existencia de estados en los cuales, según él, no resultaba indicada la aplicación del psicoanálisis, a menos que se creara una psicoterapia de la psicosis; posteriormente, en 1914, aclaró21 que la existencia en los enfermos de núcleos psicóticos detiene el avance del tratamiento. Estos núcleos serían las localizaciones narcisistas de la libido. Freud afirmó que en dichos enfermos el tratamiento resulta contraindicado por no haber posibilidades de transferencia.
Ahora bien, la palabra autismo aparece en la obra de Freud en 1911 19, y en esa ocasión menciona a Bleuler, quien introdujo en dicho año ese término para aludir a lo que Janet había estudiado como “pérdida del sentido de la realidad”.
Bleuler 12, 13 establece una diferencia de grado entre el autismo y la esquizofrenia. Dice: “Uno de los más importantes síntomas de la esquizofrenia es la preponderancia de la vida interior con una retracción activa del mundo externo. En los casos más graves, el individuo se desliga completamente del mundo externo y vive en un universo de fantasías; en casos leves, el retiro se da en un grado menor. A este síntoma lo llamo autismo”. Más adelante afirma también que “el contraste existente entre las dos funciones [pensamiento autista y pensamiento realista] no es absoluto. El autista no desdeña los conceptos y relaciones vinculados con la experiencia; los usa cuando no contradicen sus propósitos y los desdeña cuando se oponen a ellos. Los mecanismos autistas no sólo influyen en la evaluación de la realidad sino que también conducen, por ejemplo, a que los impulsos sobrevivan”.
En cuanto a Freud, señala en dicha ocasión (1911) que le llamó la atención el apartamiento de la vida real que toda neurosis produce en el paciente, y en una nota al pie