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El artículo se refiere a la selección de los futuros analistas, tanto antes de la aceptación del aspirante por la comisión de enseñanza y de su entrada en seminarios, como posteriormente.
Está dividido en varios subcapítulos: ‘El espejismo del análisis didáctico’; ‘Inconvenientes del ambiente psicoanalítico’; ‘Inconvenientes del medio intraanalítico’; ‘¿Vocación psicoanalítica?’; ‘Idealización del análisis’, y ‘Selección continua’.
La noción de “análisis didáctico” falsea el sentido de la experiencia analítica. El análisis que se realiza difiere siempre de la idea previa que de él tenía el aspirante. Dicho análisis se inicia verdaderamente con la modificación de las intenciones conscientes que llevaron a él. En caso contrario surgen tendencias reivindicatorías frente a la comisión de enseñanza y, por falta de consciencia de enfermedad, el psicoanalizando piensa que debe someterse a normas imperativas.
Los inconvenientes para una buena formación que surgen del ambiente perianalítico son varios. A menudo el hecho de que una persona se proclame analista le sirve para ser considerado como tal, lo que lo lleva a conducirse interpretando todo lo que se le presenta. Entonces se manifiesta una disposición interpretativa ingenua (salvaje) en lugar de la buena capacidad de observación. Por el contrario, es más analista aquel que lo aparenta menos.
Los inconvenientes del ambiente intraanalítico surgen de la situación grupal. Se diluye la transferencia por el contacto del candidato con otros psicoanalistas o con el grupo de condiscípulos. O bien el hecho de que la formación trascurra dentro de un grupo lo lleva a la pasividad didáctica: el candidato se siente tratado como en un ambiente escolar, pero, en una especie de venganza masoquista, renuncia a tener iniciativas.
La vocación psicoanalítica en el médico surge del hecho de que le interesan sus enfermos que podrían llamarse “psíquicos”, porque tienen una problemática que lo conmueve personalmente. El hecho de querer ser analista