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En primer término, queremos agradecer a los tres autores de los comentarios por el interés y la dedicación que prestaron al estudio de nuestro trabajo. Como se trata de la aplicación de un concepto nuevo a la teoría y la clínica de los sueños, sentíamos un gran interés por conocer la opinión de nuestros colegas. Los comentarios recibidos son excelentes. En general, no sólo aprueban lo medular de nuestro enfoque sino que lo enriquecen con sugerencias interesantes y nos alientan a seguir en la misma línea de investigación. Asimismo, nos resultan de mucha utilidad las críticas. Estamos básicamente de acuerdo con algunas de ellas, lo cual nos permitará revisar y elaborar mejor ciertos conceptos. Otras objeciones, con las que no coincidimos, son igualmente provechosas porque nos dan oportunidad de esclarecer y explicar mejor ciertos puntos del trabajo que despertaban dudas.
Dado que los tres comentarios encaran aspectos diferentes, contestaremos por separado.
Mucho nos complace que al doctor Rodrigué le guste la idea principal de nuestra contribución. La encuentra fértil y cautivante, sobre todo porque amplía el campo del sueño incluyendo todo el ciclo que va desde la imagen onírica hasta la utilización que hace el individuo de su sueño. Nos advierte, sin embargo, como buen deportista, que encontraremos “baches y clavos” en el camino de su comentario. Aunque algunos de ellos fueron dirigidos, con toda benevolencia, a otros autores (por ejemplo Fisher y Lewin), nos haremos cargo igualmente de los mismos y, yendo también al grano, pasaremos a responder los distintos items respetando el orden en que fueron planteados.
En relación con los trabajos de Fisher, Rodrigué pregunta cómo se puede saber que los sueños aparecidos en el NREM no son relatos diferidos de sueños del REM previo. En realidad, Fisher * sostiene —apoyándose para ello en las investigaciones de Rechtschaffen, Verdone y Whestone— que lo que el sujeto relata del NREM “lo hace más como pensamiento y menos como sueño