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Cuando Freud intentó relacionar algunos rasgos caracterológicos del “hombre de los lobos” con los síntomas intestinales que éste presentaba (1918), se vio obligado a llegar a la conclusión de que, previas a la teoría de la femineidad basada en el complejo de castración, existían una teoría anal de la femineidad y una “identificación” con la menorragia de la madre. Hasta que Melanie Klein formuló el concepto de “identificación proyectiva”, se suponía que tal proceso sólo podía ser el resultado de una introyección. En su descripción original (1946, pág. 300) de la identificación proyectiva, Klein señaló su estrecha vinculación con los procesos anales, pero en ninguna otra parte de su obra escrita se ha referido en forma más explícita a esta conexión.
Además, la contribución de la analidad a la formación del carácter, tal como la estudiaron Freud (1908, 1917), Abraham (1921), Jones (1913, 1918), Heimann (1962) y otros, siempre se ha formulado en términos de las consecuencias caracterológicas que tiene la llamada “sublimación” de las fantasías anales, y se ha acentuado, por un lado, la sobrevaloración narcisista de las heces y, por el otro, los efectos de la lucha en torno de la educación de esfínteres, sobre la relación de objeto. Este trabajo tiene como fin describir la influencia que sobre la formación del carácter ejerce la combinación de tres factores complejamente interrelacionados, a saber: la evaluación narcisista de las heces, las confusiones en torno de la zona anal (en particular ano-vagina y pene-heces) y los aspectos relacionados con la identificación en los hábitos y fantasías anales basados en la identificación proyectiva. Al estudiar este problema en relación con el proceso analítico, en estrecha colaboración con varios colegas, también me vi obligado a reconocer que la masturbación anal es un hábito mucho más común de lo que parece indicar la literatura analítica. Freud (1905, pág. 187; 1917, pág. 131) reconoció su presencia en los niños que