You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Es bien sabido que los niños tienden desde que nacen a utilizar el puño, los dedos, los pulgares, etcétera, para estimular la zona erógena oral, satisfacer los instintos en esa zona, y también en los momentos de unión serena. Asimismo se sabe que al cabo de unos cuantos meses los niños de ambos sexos se aficionan a jugar con muñecas, y que la mayoría de las madres les permiten tener algún objeto especial de este tipo y dan por sentado que desarrollarán una adicción, por así decirlo, con respecto a él.
Existe una relación entre estas dos series de fenómenos separadas por un intervalo, y creo que el estudio de la transición de la primera a la segunda puede resultar útil, y aprovechar importante material clínico que ha sido objeto de cierto descuido.
Quienes están en estrecho contacto con las preocupaciones y problemas de las madres conocen sin duda los variados patrones que suelen exhibir los bebés en cuanto al uso que hacen de su primera posesión no Yo. Dado que dichos patrones se ponen de manifiesto, es posible observarlos directamente.
Se encuentra así una amplia variación dentro de una serie de hechos que comienza con las actividades del recién nacido en las que intervienen el puño y la boca, y que culmina eventualmente con el establecimiento de un vínculo con un osito, una muñeca o algún juguete blando, o bien con un juguete duro.