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Puesto que todos los pacientes analíticos son, en mayor o menor grado, o en un momento u otro, silenciosos, es evidente que esta mesa redonda podría haberse orientado a revisar la totalidad del proceso analítico y toda la gama de la conducta neurótica con su génesis y su dinámica para tratar cabalmente el tema. Hacerlo hubiera sido imposible, pero esa premisa sirve para explicar la amplia diversidad de observaciones y concepciones clínicas y teóricas presentadas. Sin embargo, a pesar de las diferencias de enfoque técnico, y antes que eso, de las diferencias en los focos de interés, varios participantes expusieron una cantidad de ideas y experiencias clínicas similares, extraídas del trabajo con pacientes en los que el silencio era un problema fundamental y desafiante. El punto de partida son enfoques anteriores invariables y menos refinados, lo cual sigue la línea de la aplicación cada vez más amplia del punto de vista estructural, particularmente porque ilumina problemas relativos a las funciones yoicas y a las complejas interacciones transferenciales contratransferenciales en el curso del análisis.
Rudolph M. Loewenstein abrió la discusión poniendo el énfasis inicial en el hecho de que los silencios tanto del paciente como del analista son elementos significativos del proceso psicoanalítico, que en sí mismo refleja inevitablemente el proceso neurótico preexistente. Todo lo que ocurre al paciente en su análisis es el resultado de las fuerzas que lo mueven a comunicar los datos importantes de su neurosis, combinadas con resistencias a tal comunicación. Pero los motivos de estas resistencias, y los hechos referentes al equilibrio cambiante entre estas fuerzas opuestas, revelan la naturaleza del conflicto neurótico y por lo tanto deben ser entendidas también como comunicación. Las resistencias de un paciente silencioso, desalentado, pueden encubrir un pensamiento hostil o crítico del analista, pero su silencio es también una expresión averbal de las fuerzas conflictiva