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El autor señala que ya en 1918, Freud predijo que iba a llegar el momento en que los enfermos exigirían de la sociedad tanta atención para sus dolencias psíquicas como para las orgánicas. Balint se pregunta entonces si los analistas debemos asumir responsabilidad alguna en el campo de la formación psicológica de los médicos generales. Considera que en otras dos oportunidades se plantearon problemas de esta índole al movimiento psicoanalítico. En la década del 20 la pregunta fue si debemos aceptar la responsabilidad de desarrollar técnicas para la psicoterapia de niños. La respuesta fue un rotundo “sí”, que redundó en un gran desarrollo para nuestra técnica y nuestra teoría.
Veinte años más tarde se preguntó si debemos aceptar alguna responsabilidad en el desarrollo de técnicas para la psicoterapia de grupo. Se respondió con un “no” dubitativo, con el resultado de que ambas corrientes se desarrollaron una al margen de la otra, con detrimento para ambas. Balint agrega que ahora —después de otros veinte años— nos preguntamos si debemos aceptar la responsabilidad de desarrollar técnicas para ser usadas en la medicina general. Considera que es imposible predecir cuál será la respuesta. El pensamiento sobre psicosomática —aunque observado con interés— nunca formó parte integral de la teoría psicoanalítica, como sí lo hizo el psicoanálisis de niños.
El autor afirma que sólo intenta enfocar uno de los tantos problemas al respecto: cuáles son los papeles que se abren para los psicoanalistas en este nuevo campo