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El autor, con larga experiencia en Sing Sing, sostiene que antes del acto criminal hay una fantasía, habitualmente de carácter masturbatorio.
Dará lugar a la ofensa cuando la fantasía específica no tenga libre acceso a la consciencia. En todos los casos de crímenes sexuales habría negación de la sexualidad o la masturbación. Encontró una vivencia común como sueño o fantasía o representación mental: la de una mano aislada masculina o femenina, entera o amputada, izquierda o derecha (sin relación con el paciente) que “hacía cosas”. Esta particular y frecuente fantasía, fue lo que lo indujo al área del conflicto. El trabajo contiene valiosos ejemplos y disquisiciones específicas según el tipo de personalidad dominante y el diagnóstico psiquiátrico, y se refiere especialmente a los modos de funcionamiento de la memoria.
Hugo Rosarios