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A raíz de la preocupación por la conducta sexual en universidades destacadas de los Estados Unidos de Norteamérica, como la de Harvard, por ejemplo, y en las de otros países, como Inglaterra, en cuya Universidad de Oxford hubo lo que se consideró dos escándalos sexuales, el Grupo por el Progreso de la Psiquiatría decidió estudiar el problema y reunió la experiencia clínica y administrativa de un grupo de nueve psiquiatras
y tres consultores (decano, miembro del cuerpo de profesores y un psicólogo clínico) que trabajaron con estudiantes durante los últimos veinte años. Los miembros del Comité por el Progreso de la Psiquiatría entrevistaron a decanos y consejeros de distintas universidades; también fueron consultadas directamente cuarenta y nueve instituciones acerca del material que podían tener sobre el problema de la vida sexual de los estudiantes, reglamentos, instrucciones, etcétera, con lo cual se pudo seleccionar una muestra de treinta y siete instituciones; se revisó la literatura pertinente en la materia y finalmente se estudiaron historiales individuales obtenidos de la propia experiencia clínica y de investigación. El Comité se mostró de acuerdo sobre algunos principios básicos, como por ejemplo de que el sexo, en la forma en que se usa esta palabra en el informe, se considera más que una unión genital, ya que lo estiman como una fuerza o tendencia elemental que promueve la vida, que tiene una variedad de manifestaciones fisiológicas y psicológicas en cada nivel de edad, y que por lo tanto puede ser una forma de lograr placer, ternura y relaciones humanas. Consideran que “la sexualidad es una fuerza importante en cada personalidad que influye en las relaciones individuales con los otros y en las adaptaciones al ambiente, y que a su vez está influida por todos los otros atributos únicos de la personalidad”.
El capítulo I de este Informe trata del desarrollo y de la integración de la personalidad, enfocada siguiendo fundamentalmente los criterios de Anna Fre