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Los esfuerzos organizados para la prevención del suicidio se basan en tres conjuntos de observaciones: 1) La conducta suicida tiende a asociarse con crisis. Hay situaciones vitales de tensión especial y duración temporal limitada. 2) La gente considera el suicidio con una gran ambivalencia psicológica. Los deseos de morir o de ser matado existen simultáneamente con y en conflicto con deseos de ser rescatado y sobrevivir. 3) Aun en las crisis, la gente conserva la necesidad humana de expresarse y comunicarse con otros.
La noción de que el suicidio generalmente se produce en forma repentina, impredecible e inevitable, ha sido contradicha por numerosas investigaciones. Cuando se lo estudia retrospectivamente, el suicida típico aparece como un enfermo psiquiátrico durante un periodo considerable antes de su muerte. Está confundido y ambivalente hacia la muerte. Lucha con fantasías de suicidio, que representan en diversas formas las metas de desaparición, venganza, éxtasis, rescate y renacimiento; y trata de aliviar su tensión psicológica mediante varios expedientes y maniobras adaptativas. Cuando todas ellas fracasan, retorna repetidamente a la idea del suicidio. Además, tiende a señalar su preocupación a las personas que lo rodean mediante sus palabras y acciones. Muchas comunicaciones suicidas pueden interpretarse como pedidos de ayuda. Un aspecto de la prevención, por lo tanto, podría ser establecer las respuestas de rescate apropiadas para las comunicaciones más o menos disfrazadas y ambivalentes sobre el suicidio.
Una limitación del llamado telefónico es que se está privado de los indicadores visuales y de la mayor parte de la comunicación no verbal. La conexión con el paciente es muy tenue y se puede romper en cualquier momento. Al responder al llamado telefónico, el terapeuta de emergencia realiza tres funciones que se superponen: trata de