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Este trabajo está dedicado a un acontecimiento muy especial: 25 años de la Revista de Psicoanálisis. Es mucho tiempo, aunque a nosotros, los de entonces, nos parezca como si hubiera sido ayer. Este lapso respetable invita a la meditación y puede codeterminar el contenido de las diversas contribuciones. Por lo menos a mí no me pareció pertinente elegir como tema algún problema clínico o teórico. Quise escribir algo que me facilitase ubicarme y ubicarnos en el momento actual y su problemática y me permitiese hablar del pasado y del presente para poder predecir en algo el futuro del análisis, del analista y del analizando. Pero el tema me queda grande y en algunos aspectos me resulta conflictivo. Haré lo que pueda.
Si pretendemos vislumbrar al paciente del futuro, su diagnóstico/sus dificultades y su problemática, nos puede ser útil acordarnos de los primeros pacientes de Freud, y también de los nuestros del pasado y del presente. Así llegaremos tal vez a trazar un vector temporal, en el cual podremos ins; cribir al analizando del año 2000.
Todos nosotros, los psicoanalistas, conocemos a Anna O., la paciente histérica tratada por Breuer en 1880 que, aunque no fue atendida por Freud, influyó fundamentalmente en sus descubrimientos posteriores, o a Emmy de N., otra dama histérica, cuyo historial data de 1888; Lo que Freud aprendió de ella y de otras niñas y damas de “esa época Victoriano en la cual los niños en todas las circunstancias y las mujeres en la mayoría de ellas debían ser vistos pero no oídos” (cito aquí a Erikson 6) le permitió, gracias a su genio y empatía, reemplazar el método sugestivo y catártico por algo totalmente nuevo y basado en el respeto por el paciente. Pudo aprender de ellas porque renunció al papel tradicional de médico paternalista, omnisciente y directivo (también aquí sigo a Erikson). Así descubrió en estas mujeres-niñas “degeneradas” a seres inteligentes y sensibles, a personas como nosotros, con las cuales se puede colaborar, y así creó dos c