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Se ha destacado más de una vez que los psicoanalistas conocían al niño por tres vías: la reconstitución o construcción del pasado, realizadas en el curso de las curas psicoanalíticas del adulto; el conocimiento de la vida de fantasía del niño a través de los tratamientos psicoanalíticos o las psicoterapias que inspira el psicoanálisis en los diversos períodos del desarrollo del niño y del adolescente; por último, la observación del niño, a la cual tanto han aportado los psicoanalistas en el curso de los últimos decenios, siguiendo un camino que ya indicara S. Freud y que ha sido completado por la metapsicología psicoanalítica.
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, muchos psiquiatras de niños y miembros de los equipos dirigidos por éstos han buscado muy a menudo adquirir una formación psicoanalítica personal. En la práctica, estos psiquiatras psicoanalistas se ocupan de niños y adultos al mismo tiempo. Se trata de una comprobación de hechos probablemente válida para todos los países de Europa Occidental, tanto para Francia como para Inglaterra o los Estados Unidos. Creemos que este hecho que se debe a las crecientes necesidades en materia de tratamiento psicoanalítico de adultos, ha demostrado ampliamente su utilidad en el campo de la psiquiatría infantil. En efecto, permite introducir elementos de conocimiento y de comparación longitudinales, que parecen ser indispensables en un campo tan aleatorio como es el del pronóstico de los trastornos mentales del niño.
Por lo tanto estas páginas tienen como intención, en primer lugar, hacer participar al lector de la historia misma del movimiento de la psiquiatría infantil, tal como nos parece que ha sido renovado considerablemente por el interés dedicado a esta disciplina por los psiquiatras de niños con formación psicoanalítica.
Primeramente, se ha tratado de una nueva manifestación de las tendencias iniciales de la psiquiatría infantil que, durante la segunda mitad del siglo XIX, y luego a principios del siglo XX, se ha