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La escena primaria del Hombre de los lobos es la construcción a la que se ha dedicado mayor atención y más cuidadoso análisis**. Basándose en los sueños y en los recuerdos incompletos del paciente, Freud conjeturó con notable acierto en cuanto al momento y el lugar, la hora probable en que el Hombre de los lobos, al año y medio de edad, tuvo ocasión de presenciar un coitus a tergo entre sus padres. Los principales indicios surgieron del análisis de un sueño que el paciente tuvo a los cuatro años y en el que unos lobos permanecían sentados e inmóviles sobre las ramas de un árbol junto a la ventana de su dormitorio. Aquí no se necesitan otros detalles, pues tanto el sueño como la construcción son ya famosos. Utilizaré el trabajo de Freud sólo para agregar un detalle a la construcción.
Algunas de las observaciones de Freud son prescindibles aquí, pues contienen hechos o interpretaciones al pasar que no atañen directamente a los temas centrales. Uno de los temas que no trató en forma exhaustiva fue el del dormir, aunque el Hombre de los lobos se despertó durante la escena primaria y, a los cuatro años, soñó con ese despertar. Mi particular interés por el simbolismo del dormir y el despertar en los sueños me llevó a tratar de reunir los elementos dispersos en el trabajo de Freud que tienen que ver con este tema.
Según nos dice Freud: “El principal motivo de queja del Hombre de los lobos consistía en que el mundo quedaba oculto por un velo, o bien el de que un velo lo separaba del mundo. El velo se desgarró sólo en un momento, cuando después de una enema el paciente expulsó el contenido intestinal y se sintió normal otra vez” (pág, 74). En una nota al pie agrega: “El efecto es el mismo sea que otra persona le administrara la enema o que él mismo lo hiciera”. Además: “A veces la evacuación espontánea no se producía durante meses, a menos que hubiera una súbita excitación de algún origen particular, como resultado de la cual la actividad normal del intestino se reanudaba dura