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En este trabajo deseo hacer algunos breves comentarios sobre un aspecto parcial del tratamiento psicoanalítico. Me refiero a una faceta particular de las alteraciones del Yo en el decurso de tratamientos considerados satisfactorios, cuando son trabajadas las más arcaicas situaciones de ansiedad y los mecanismos de defensa más primitivos. Cuando estas experiencias internas son convenientemente elaboradas a través del empleo reiterado de la interpretación, de lo que resulta la solución de los vínculos transferenciales, se considera que el análisis logró sus objetivos. Un resultado analítico satisfactorio significa para el paciente que su Yo se modifica y se expande en muchas direcciones 10: satisfacción genital, capacidad para los placeres corporales, fortalecimiento de la salud física, robustecimiento del juicio de realidad y la posiblidad de apreciar y distinguir mejor la realidad interna (sentimientos, fantasías, valores personales) frente a situaciones y objetos del mundo externo. La expansión y el fortalecimiento del Yo implican un mayor enriquecimiento de los recuerdos y sentimientos, una disminución de la ansiedad, una atenuación de la culpa y una mayor libertad para el amor y el odio, que así se fusionan mejor y se dirigen hacia objetos más maduros. Además, los factores propios de cada individuo promueven la intensificación de fantasías del instinto de vida, lo que resulta en una actividad sublimatoria y una capacidad creadora.
Las alteraciones estructurales y las modificaciones en las relaciones económicas de la realidad interna —logradas por medio del trabajo analítico— se vinculan naturalmente con la movilización y la elaboración de las fantasías básicas, que son constantes en la experiencia individual y que sufren las vicisitudes impuestas por el proceso represivo. La reaparición de las fantasías básicas en la evolución del análisis ocurre como fenómeno ligado a la relación transferencial y es un elemento que da estructura a la propia situación analítica1.