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Al ser invitado a pronunciar esta conferencia conviene examinar el nivel alcanzado como psicoanalista, después de una carrera que, en mi caso, comenzó hace cuarenta y cinco años y se extiende desde la última fase del movimiento psicoanalítico, a comienzos de la década de 1920, hasta el período actual de psicoanálisis organizado. Habiendo alcanzado este punto culminante en mi desarrollo como psicoanalista, luego de participar en cuatro décadas y media de la historia psicoanalítica, confío en que se me permitirá pasar revista a las vicisitudes de la filosofía básica de nuestra ciencia, desde el punto de vista de su correlación con los cambios concernientes a la situación humana en nuestro mundo occidental. Creo que se justifica elegir este tema, ya que la posible adaptación del psicoanalista y de sus esfuerzos terapéuticos a los cambios que tienen lugar en nuestra condición humana actual, o bien la falta de esa adaptación, empieza a preocupar a muchos colegas.
Hace once años, en un trabajo titulado “Therapeutic Goal and Present day Reality”***, señalé que los tremendos cambios ocurridos en nuestra situación cultural, y las adaptaciones y modificaciones yoicas que ellos imponen, exigen que los analistas introduzcamos modificaciones en lo relativo a la evaluación del Yo de nuestros pacientes, a nuestro enfoque terapéutico y, por último, a nuestras metas terapéuticas.
No cederé a la tentación de repetir aquí mis impresiones acerca del efecto que el cambio cultural ha ejercido sobre la terapia psicoanalítica, que ya expresé en el trabajo citado y para las que encontré abundantes confirmaciones en observaciones posteriores. Antes bien, quisiera referirme al efecto producido por el desarrollo científico, técnico e industrial de las seis últimas décadas sobre los fundamentos mismos de nuestra ciencia y su posición actual.
Cuando se hace referencia a la matriz cultural a partir de la cual Freud desarrolló esa gigantesca construcción que es su teoría de la conducta humana y que l