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Hilda Rollman-Branch me honra por la detención y el esmero con que ha estudiado mi trabajo y con que expone sus puntos de vista convergentes y divergentes de los míos.
Califica primeramente que se trata de un enfermo cercano a la psicosis. Prescindiendo del hecho de que detrás de cualquier neurosis o perversión (sobre todo en un homosexual manifiesto) se encuentran siempre mecanismos psicóticos, dicho enfermo, aunque muy grave, no tenía rasgos mentales que hiciesen pensar en una psicosis, ni siquiera en un caso borderline. En mis artículos sobre los enfermos ulcerosos he insistido varias veces en la frecuencia en ellos de delirios paranoides muy cercanos a los de los psicóticos. Por lo tanto, he dirigido ya anteriormente mi atención al tema de la psicosis. Sin embargo, colocado entre todos los ulcerosos de mi experiencia, B estaría más alejado de la psicosis que la mitad de mis otros ulcerosos. A pesar de toda su ambivalencia y su destructividad la relación afectiva que establecía con sus objetos reales era muy intensa y concreta. Además, aparte de sus amantes complicados, tenía personas con las cuales mantenía contactos de buena amistad recíproca y que lo apreciaban aun conociendo su complicada perversión. Algunas de estas personas se esforzaron seriamente por ayudarlo en situaciones difíciles, lo que es indicador del buen nivel de conexión afectiva que B consiguió con ellas.
En sus valiosos comentarios, H. R. B. menciona mi énfasis en los diferentes modos de comportamiento instintivo, tal vez en desmedro de considerar las capacidades defensivas adaptativas del Yo y de las relaciones de objeto. Pero también ella misma insiste mucho en estas relaciones instintivas. Así, describe: “Las relaciones homosexuales como una tentativa de resucitar la situación primaria de lactar”, se refiere a la culpa por la homosexualidad sobre todo por encontrar los alimentos en personas distintas de la madre, y afirma: “Tanto es así que ni siquiera en sus relaciones homosexuales logró una