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Es para mí muy satisfactorio que una persona de tanta experiencia en la clínica e investigación psicosomáticas como Melitta Sperling discuta y valore mi artículo.
M. S. señala el rechazo de muchos psicoanalistas hacia el tratamiento de estos enfermos psicosomáticos. Esto coincide con el rechazo de los enfermos orgánicos a ser tratados psicoanalíticamente. En mi opinión, la motivación de ambos fenómenos parece residir en el hecho de recurrir a la conversión orgánica, genital o pregenital, para resolver conflictos psíquicos siguiendo con ello la técnica de ignorarlos. Un enfermo que se comporta así quiere rehuir la comprensión psicológica de lo que le ocurre, ya que busca reducir sus penalidades a la motivación puramente orgánica. El psicoanalista que rehuye el tratamiento de estos enfermos, se identifica contratransferencialmente con esta actitud y reacciona de un modo similar. Por este mismo motivo los libros psicoanalíticamente profundos acerca de las enfermedades psicosomáticas difícilmente tienen éxito. Así, mis libros sobre el psicoanálisis de los sueños y sobre el sadismo y el masoquismo en la conducta humana han alcanzado cuatro ediciones, mientras que mis dos libros psicosomáticos, uno sobre la úlcera gastroduodenal y otro sobre el dolor de cabeza, están todavía en la primera edición, a pesar de la cantidad enorme de enfermos con ese tipo de dolencias y de lo intensamente que los médicos se ocupan de ellos.
Coincido completamente con M. S. en la consideración de las enfermedades psicosomáticas como consecutivas a conversiones pregenitales y en que “los trastornos subyacentes a los síntomas psicosomáticos son de muy diverso tipo” mental, así como son muy diversos dichos trastornos. Dichos trastornos subyacentes a cada enfermedad psicosomática parecen tener una cierta especificidad. Por este motivo no siento gran desacuerdo con el concepto de los perfiles psicosomáticos, sin que eso signifique creer que dichos perfiles sean inmutables en el mismo individuo. Justa