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Este trabajo requiere una introducción, ya que tanto su tema como su método pueden no ser muy familiares para los psicoanalistas: por ejemplo, no toma una experiencia clínica y la examina a la luz de la teoría psicoanalítica; tampoco intenta criticar la teoría psicoanalítica a la luz de un ejemplo clínico, ni ampliar dicha teoría en dirección alguna. Antes bien, se propone plantear un interrogante fundamental: “¿De qué trata el psicoanálisis?”, “¿Cuáles son las características esenciales de su objeto?”, “¿Qué clases de teorías válidas pueden construirse al respecto?”, y sugiere tentativamente una respuesta que, de ser correcta, tendría consecuencias para la teoría. En cierta medida, constituye un intento de escribir un ensayo filosófico y, al redactarlo, me sentí particularmente alentado por los últimos trabajos teóricos de Bion, debido a la audacia y la novedad de su enfoque, aunque creo que encierra dificultades insuperables. Asimismo, me han entusiasmado los trabajos de Bowlby, Sandler, Fairbairn, Brierley, Colby y Guntrip, los cuales, en mi opinión, han expresado en distintos momentos su reconocimiento de que la teoría psicoanalítica presenta serias dificultades lógicas, que muchos de sus conceptos están mal definidos y numerosos términos habitualmente usados para la descripción clínica, resultan ambiguos. Fuera del campo inmediato del psicoanálisis, reconozco mi deuda incalculable para con Suzanne Langer y Teilhard de Chardin, y también W. Furstenheim, de Frankfurt-am-Main, con quien sostuve un prolongado diálogo sobre el problema mente-cuerpo, y a través de quien llegué a conocer las ideas de filósofos como Ayer, Ryle y Strawson.
La asistencia a reuniones científicas de psicoanalistas durante largos años me sirvió de estímulo para escribir este trabajo. Desde el comienzo me sentí hondamente impresionado por la oscuridad esencial de los trabajos clínicos redactados en lo que suele llamarse “lenguaje técnico”, y lo que consideraba la ingenuidad filosó